
Todas las emociones son como empujes de energía que nos impulsan a enfrentarnos a la vida. Imagina estar en un lugar en llamas; el miedo te hace correr para protegerte. Eso es la emoción en acción. De hecho, la palabra «emoción» se origina en el latín «motore», que significa «hacer mover». Así que, en esencia, cada emoción está diseñada para energizar nuestra conducta y motivarnos a actuar y reaccionar.
Lo fascinante de las emociones es que, aunque todos experimentamos las mismas emociones básicas; cada persona puede responder de manera única a ellas. Esto se debe a nuestras experiencias personales, creencias y valores individuales y esto debería ponernos en perspectiva para no juzgar tan fácil las acciones o respuestas de los otros.
Por eso, es importante recordar que todas nuestras emociones son válidas. La felicidad, la tristeza, el enojo, todas tienen su lugar legítimo en nuestras vidas. Lo que puede no ser válido es cómo elegimos reaccionar ante esas emociones, es decir, qué hacemos con ellas o cómo las expresamos.
Por ejemplo, es perfectamente normal sentirse enojado si tu hermano te molesta. El enojo es una respuesta natural a situaciones irritantes. Sin embargo, no está bien canalizar ese enojo de manera destructiva, lastimándolo a él o a ti mismo. La inteligencia emocional es una habilidad crucial que nos permite aprender a manejar nuestras emociones de manera constructiva.
Entonces, con el ejemplo de tu hermano molestándote, podrías tener un diálogo interior algo así: “Me siento enojada y es válido, aunque no merezco que me esté molestando. No lo voy a justificar, pero podría explicar que hace esto porque no recibe la atención que busca de mis papás o de sus amigos. Al querer recibir atención, me está molestando a mí. ¿Será que yo lo he tratado así antes y por eso cree que es normal que nos llevemos así? Debería evitar hacer lo mismo con él o incluso dejar de hacer lo que provoca que me moleste. ¿Qué puedo hacer yo para que ya no me moleste? Que no sea dañándolo o agarrándolo a golpes. Quizás hablar con él y preguntarle si necesita algo, o hablar con mis papás y pedirles que me ayuden porque mi hermano me está molestando”.
No es fácil, pero tener esa reflexión interna nos enseña a percibir, comprender, utilizar y controlar nuestras emociones para que no se conviertan en una fuente de daño, sino en una fuente de crecimiento y autoconocimiento.
Por lo tanto, la lección que quiero compartirte hoy es la importancia de cuidar cómo nuestras emociones nos impulsan a actuar. Buscar siempre nuestro bienestar y el de los demás es un acto de sabiduría emocional. Actuar con sensatez y comprensión del poder que tenemos sobre nuestras acciones a través de nuestras emociones es una herramienta poderosa para vivir una vida plena y enriquecedora. ¡Descubre y utiliza ese grandísimo poder que reside en ti para canalizar tus emociones de manera positiva!
