L de Letra

Tomar decisiones no siempre es fácil. A veces parece un acto de elegir entre A o B. Pero en realidad, cuando hay tanto en juego, la duda aparece como niebla. Por eso me gusta hablar de herramientas que nos ayuden a decidir de forma más consciente. Hoy quiero hablarte de una en particular: la extrapolación. Suena muy técnico, pero en realidad, todos la usamos más seguido de lo que pensamos. 

La extrapolación es ese momento en el que, basándote en lo que ya viviste, en los datos objetivos que tienes y puedes predecir lo que podría venir. Como cuando piensas: “la última vez que pasó esto, terminó así”, o “si sigo por este camino, probablemente me sienta así”. Es una especie de puente entre lo que ya conoces y lo que todavía no ha pasado.

Es una herramienta poderosa, que incluso forma parte del método científico. Y como toda herramienta, su valor depende del cómo. Extrapolar no es adivinar. Es observar con atención lo que fue… para imaginar con conciencia lo que puede ser. ¿La clave? No creer que es infalible

Porque sí, extrapolar puede ayudarte a tomar decisiones… pero si solo te guías por lo racional, puedes dejar de lado algo igual de importante: lo emocional.
Por eso me gusta enseñar esta herramienta en mis cursos, pero siempre acompañada de un enfoque sentipensante

Como dice Eduardo Galeano:
“Me gusta la gente sentipensante, que no separa la razón del corazón. Que siente y piensa a la vez sin divorciar la cabeza del cuerpo ni la emoción de la razón.”

 

Así que cuando estés por tomar una decisión importante (por más chiquita que sea), te invito a hacer una pausa y aplicar este método.

Primero, reconoce tu información racional: lo que sabes, lo que has vivido, los datos que ya tienes. Eso te ayuda a no caer en sesgos, como el efecto ancla (el efecto ancla es un sesgo cognitivo que condiciona tus pensamientos o decisiones por algo que viste o escuchaste ajeno a ti) o las generalizaciones apresuradas.

Luego, escucha a dos personas de tu confianza. No para que decidan por ti, sino para obtener perspectivas externas que complementen la tuya. Y después, usa esta tabla que siempre comparto en mis clases  para organizar toda esa información que tienes:

Después, te invito a ordenar todo eso: lo que viene de ti, lo que viene de otros, lo que es objetivo, lo que es subjetivo. Esta tabla la comparto siempre en mis clases, que ayuda justo a eso: a distinguir si lo que estás considerando es una emoción tuya o una idea que alguien más te compartió; si es un hecho o una suposición; si es algo que sabes… o algo que crees saber. Ayuda a identificar de dónde viene cada dato que estás considerando.
¿Es una emoción tuya o una idea que alguien más te compartió?
¿Son hechos pasados o suposiciones?
¿Qué parte es objetiva y cuál subjetiva?

Una vez que sepas reconocer esos elementos, ahora sí, haz estas preguntas para analizar lo que estás sintiendo y pensando con más claridad:

En ese punto medio, es donde lo racional se encuentra con lo emocional. Lo interno con lo externo. Y en ese cruce, nace una forma mucho más honesta, completa y humana de tomar decisiones.

A veces, lo que nos dice un mentor, por ejemplo, es información emocional externa. Un consejo basado en su experiencia personal. Y eso también cuenta. Porque tomar decisiones es una forma de conocerte, de sembrar para el camino de tu futuro. 

OJO: No se trata de encontrar la respuesta “perfecta”.  Se trata de elegir lo que hoy se siente coherente contigo. Con tu razón y con tu emoción. Con cabeza y con corazón. Con ciencia… y con alma.

Como diría Hannah Montana: the best of both worlds(Lo mejor de ambos mundos)

Por: Eli Gax (hipervínculo a trayectoria en página de Ldeletra) o mejor conocida como @Ldeletra (hipervínculo a www.Ldeletra.com)